Miércoles 08 de Diciembre de 2010Rammstein hizo sucumbir a seguidores En el primero de 2 conciertos en el "Domo de cobre" En el primero de dos conciertos de nueva cuenta en México, Rammstein hizo sucumbir a sus seguidores en el Palacio de los Deportes, gracias a sus rolas de metal industrial en la voz de Till Lindemann y los acordes e intensos surgidos de guitarras, batería y sintetizadores, realizados por el resto de la banda.
Puntuales a su cita en el "Domo de cobre", las luces se apagaron para presenciar a la banda alemana, mostrando que Rammstein se entregaría a sus fans, quienes también enloquecieron con "¡Hola cabrones!" surgido desde el oscuro escenario, arranque para escuchar temas de su más reciente producción "Liebe ist für alle da".
"Waidmanns heil", "Weisses fleisch", "Keine lust feyer frei" y "Wiener blut" se dejaron escuchar sin dar tiempo a descanso y ante la euforia de un público que escuchó un sonido sin rebotes, revestido de intensas llamaradas y pirotecnia que acrecentó el gran espectáculo musical de la banda, conformada por Richard Z. Kruspe, Oliver Riedel, Christoph Schneider, Paul Landers y Flake Lorenz.
La locura musical contagió a más de 15 mil personas, fanáticos que también no sólo escucharon fuerza y agresividad, ya que en el metal y en las ocho producciones discográficas de la banda, hay rolas de serenidad y sentimiento, al interpretar "Frühling in París", donde una muñeca de cuerda bailó al centro del escenario, subiendo y bajando al ritmo de la música sus brazos.
Esto fue el preámbulo para que Till, vestido de cocinero y con el mandil blanco totalmente ensangrentado y con un perol hirviendo, interpretar "Mein Teil", que relata el caso del caníbal Armin Meiwes y continuar con éxitos como "Du riechst so gut", "Benzin", "Links 2-3-4", "Du hast" y "Pussy y sonne", que marcaron el supuesto cierre, que con intensos fuegos artificiales, incluyeron la inmolación de un falso espontáneo que subió al escenario.
Nadie dejó el coso y el consabido encore no se hizo esperar mucho ante los gritos y peticiones de la banda, quienes escucharon "Haifisch", seguidas de "Ich will" e "Ich tu dir weh", para decir adiós, que por cierto no fue hasta que Lindemann dejó escuchar acordes con tintes mexicanos y palabrotas e interpretar la única canción en español, la que corearon, para terminar con "¡Viva México, cabrones!" Y "¡muchas gracias" de rodillas.
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